Caracola, uno de los locales más virales de tartas de queso artesanas en Madrid, sigue creciendo y anuncia la apertura de un nuevo espacio en el corazón del distrito Salamanca, concretamente en la calle Conde de Peñalver, 39. Este nuevo punto se suma a su conocido puesto en el Mercado de Antón Martín, consolidando su presencia en una de las zonas gastronómicas más dinámicas de la capital.
Nueva tienda, nueva cheesecake
La apertura llega acompañada de una novedad muy especial: la incorporación a su carta de la Tokyo Flambé Cheesecake, una edición limitada inspirada en la repostería japonesa que promete convertirse en su nuevo éxito. Disponible a partir del viernes 17, esta tarta se ofrecerá en un formato exclusivo de solo 50 porciones al día en cada local.
“Para nosotros la tarta de queso es mucho más que un postre, y la Tokyo Flambé Cheesecake nos enamoró desde el primer momento por su textura y sus matices”, explica Esther Muñoz, fundadora de Caracola.
Esta nueva propuesta representa una evolución del concepto clásico de cheesecake. Elaborada sin horno, cuajada en frío y terminada con un toque de soplete que carameliza su superficie, ofrece una textura especialmente ligera y cremosa. A diferencia de otras variedades de la casa, incorpora una base de galleta casera tipo sablée, aportando un contraste adicional.
Su sabor destaca por el equilibrio entre la suavidad del queso crema y un sutil fondo cítrico, rematado con el característico toque del azúcar flambeado. Según la propia marca, esta creación también es un guiño a su fiel clientela asiática.
Caracola mantiene en este nuevo local toda su oferta habitual, con sus populares tartas de queso en sabores como clásico, pistacho o galleta Lotus, además de otras variedades como chocolate Dubái, chocolate blanco, Oreo, Kinder, dulce de leche o frambuesa con pistacho. También continúa apostando por su línea de galletas estilo crumble cookies, elaboradas con receta propia.
El éxito de la marca se refleja en la alta demanda de sus lanzamientos, que suelen agotarse rápidamente, consolidando a Caracola como uno de los referentes dulces del centro de Madrid.




