Casa Mira, el turrón que lleva endulzando la Navidad madrileña desde 1842

Sociedad 28/12/2025

En pleno Madrid de los Austrias, entre calles cargadas de historia y escaparates que despiertan la nostalgia, Casa Mira sigue escribiendo cada Navidad un capítulo más de una historia que comenzó en 1842. Desde un humilde puesto de turrones en la Plaza Mayor hasta convertirse en una de las confiterías más emblemáticas de la capital, este negocio familiar es hoy sinónimo de tradición, calidad y memoria colectiva.

De Xixona a Madrid, un viaje lleno de dulzura

Todo empezó con Luis Mira, un confitero de Xixona (Alicante) que llegó a Madrid con un carro tirado por dos burras y una carga de turrones. El viaje se alargó más de lo previsto: tuvo que regresar hasta cuatro veces antes de alcanzar su destino, tras vender todo el género por el camino. Aquella dificultad fue, en realidad, el primer síntoma de un éxito inmediato.

La calidad de sus dulces le llevó a convertirse en proveedor de la Casa Real, durante los reinados de Isabel II, Amadeo de Saboya, Alfonso XII, la Regencia de María Cristina y Alfonso XIII. Gracias a este reconocimiento, en 1855 fundó oficialmente Casa Mira, en el número 30 de la Carrera de San Jerónimo, donde continúa abierta más de siglo y medio después.

Un local detenido en el siglo XIX

Entrar en Casa Mira es viajar en el tiempo. El establecimiento conserva intacta su estética original: paredes de caoba, espejos, techos con escayolas florales y una seña de identidad que no ha cambiado con los años: el turrón se corta delante del cliente.

Aunque ya no es proveedora oficial de la Casa Real, la tradición continúa. Cada año, la familia envía un lote de productos a la institución y, según cuentan, siempre reciben respuesta.

Carlos Ibáñez, sexta generación al frente del obrador

Con solo 33 años, Carlos Ibáñez Méndez representa la sexta generación y único heredero del negocio. Se hizo cargo de la confitería en 2011, con apenas 19 años, aunque su vínculo con Casa Mira viene de mucho antes. “Cuando salía del colegio iba directamente a la tienda y ayudaba a mi abuela en el obrador”, recuerda.

Desde el piso superior del establecimiento, también propiedad familiar, Ibáñez subraya que Casa Mira es la única fábrica de turrones de mediados del siglo XIX que sigue en activo. “Es suerte y casi un milagro haber llegado tan lejos”, admite.

Resistir a guerras, crisis y pandemias

Casa Mira ha sobrevivido a la Guerra Civil, a diversas crisis económicas y a la pandemia de la covid-19. Durante el conflicto bélico, los abuelos de Carlos trasladaron a Xixona la miel y el azúcar para conservarlos, con la esperanza de volver a Madrid y reabrir el negocio.

Sobre la pandemia, reconoce que tuvieron “suerte” de que llegara en marzo y no antes de Navidad, cuando la producción y los contratos ya están cerrados. Para Ibáñez, la clave de la supervivencia ha sido siempre la unión familiar y el cuidado de los empleados. No en vano, el jefe de obrador se jubiló el año pasado tras trabajar en la casa desde los 14 años.

El secreto: recetas artesanas y materias primas de origen

El corazón de Casa Mira late en Xixona, donde se elabora la base de todos sus turrones, protegida por denominación de origen. Almendra marcona, miel de romero y recetas transmitidas de generación en generación son los pilares de una producción 100% artesanal.

Utilizan miel de Cuenca, piñones de Toledo y almendras de Alicante, sin conservantes ni artificios. Elaboran entre 10 y 11 variedades de turrón, incluidas opciones sin azúcar, y la mayoría se conservan hasta 12 meses.

Cada año compran alrededor de 8.000 kilos de almendra marcona. En plena campaña navideña, realizan una o dos tiradas diarias de 70 kilos de turrón, que nunca se vende en piezas de menos de 250 gramos.

De la tienda centenaria a las redes sociales

La pandemia también impulsó la venta online, aunque la forma tradicional sigue predominando. Casa Mira cuenta hoy con página web y un perfil de Instagram con más de 11.000 seguidores, desde el que llegan pedidos de toda España y de países como Francia o Inglaterra.

El 80% del cliente online es nacional, fiel al turrón de Xixona y al de Alicante. En la tienda física, además de madrileños de toda la vida, no faltan los turistas curiosos. “Está buenísimo”, comentan estudiantes llegados desde Australia o Estados Unidos tras probarlo por primera vez.

Una Navidad de puertas abiertas y horarios ampliados

Durante el año, la plantilla es de 12 trabajadores, pero en Navidad el equipo se duplica hasta 31 o 32 personas. En estas fechas, la confitería amplía horarios y, por primera vez este año, abre de forma ininterrumpida del 13 al 23 de diciembre, de 9.30 a 21.00 horas. “Si en Navidad nos va bien, salvamos el año”, reconoce Ibáñez.

Un legado que va más allá del premio

En 2022, Casa Mira recibió el Premio Acyre Madrid a la mejor pastelería, un reconocimiento que Carlos atribuye a su antepasado: “Quien realmente lo arriesgó todo fue Luis Mira; sin él, Casa Mira no estaría donde está”.

Cada día, decenas de personas hacen cola tras las puertas de madera del local. Muchos repiten desde hace décadas. “Vengo a comprar turrón todas las Navidades desde hace más de 40 años”, cuenta un cliente. “Es una tradición que empezó mi abuela”, añade otra clienta.

El 90% de quienes cruzan el umbral de Casa Mira lo hacen por tradición. Una costumbre navideña que, generación tras generación, sigue tan viva como el aroma a miel y almendra que impregna el corazón de Madrid.

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