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Dos niños en el jardín de una casa en verano

Los deberes en verano: la connotación errónea de una actividad sugerida

Aulas vacías, playas repletas y el regreso a clases en menos de un mes. Los niños, entusiasmados por los días que aún quedan de juegos, paseos en bicicleta y actividades propias de la temporada, son quienes afrontan los clásicos deberes en verano durante las próximas semanas.

Aunque estas actividades veraniegas han ido evolucionando con el paso de los años, la educación en general se ha visto afectada debido a las últimas reformas realizadas en la Ley Orgánica de Modificación de la Ley Orgánica de Educación (LOMLOE) y en el Real Decreto 984/2021. La educación Primaria y Secundaria se ha transformado debido al peso que se les ha otorgado a las competencias adquiridas por los niños y la eliminación de las recuperaciones en septiembre. Además, se han dotado a los deberes en verano de actividades más flexibles y lúdicas que complementan los clásicos cuadernillos.

El cuestionamiento de la implementación de deberes en verano es extenso y, más aún, polémico. Sin embargo, la palabra ‘recomendación’ aparece como un sinónimo inseparable ante la connotación de obligatoriedad que recogen estas actividades preparadas para reforzar y afianzar conocimientos durante la temporada estival.

El próximo 7 de septiembre se dará inicio a un nuevo año escolar en la Comunidad de Madrid, fecha que genera emoción, angustia, expectativa e ilusión en los niños y padres ante el comienzo de un nuevo reto académico. Sin embargo, para muchos significa que quedan solo un par de semanas para completar estas actividades enviadas como refuerzo en la temporada vacacional.

En Madrid 365 conversamos con algunos docentes de la región y psicólogos orientadores de distintos centros educativos sobre la necesidad, impacto y evolución que tienen los deberes en verano en las nuevas generaciones de estudiantes de educación Infantil y Primaria.

¿Necesidad o miedo? Una nueva mirada a los deberes en verano

«Con tres años no tienen tiempo para jugar… se nos olvida muchas veces que son niños», comenta Alejandra Fleitas, maestra en el Colegio FEC Santa Joaquina de Vedruna. La profesora se encuentra en desacuerdo con la implementación de deberes en verano. Reconoce que, así como los docentes aprovechan la temporada estival para descansar, los niños deberían hacer uso de estas semanas para jugar y compartir con sus familias, ya que estos «pasan un montón de tiempo en los centros escolares, no solo en horas lectivas».

Fleitas, como docente de niños de Infantil, destaca que los deberes de verano de estos cursos se enfocan principalmente en lo lúdico. Sin embargo, reconoce que muchas veces las recomendaciones son exigidas por el propio centro educativo para proporcionarles una especie de ‘hoja de ruta’ de actividades a los padres: «es un tema de miedo de que sus hijos no vayan bien«.

Niños realizando sus deberes en verano en Madrid

Sin embargo, la exigencia de estas actividades puede venir desde los propios niños. Patricia Corrales, profesora de 5.º de Primaria de un centro educativo concertado de Carabanchel, asegura que son muchos los estudiantes que solicitan los deberes de verano para continuar reforzando los conocimientos adquiridos en el curso superado.

Por otra parte, asevera que «sí que es cierto que para los niños que tienen dificultades, ahí la recomendación de realizar deberes en verano es más “imperativa”. En esos casos sí que le digo a los padres que deberían hacerlo, pero que no lo vean como una obligación… que no hace falta que lo hagan todos los días«.

Palabra clave: recomendación

Lo que sí resulta necesario para Corrales es que la palabra ‘deberes’ se elimine. En España existe una memoria colectiva sobre los típicos cuadernillos de la temporada vacacional. Muchos de los padres de niños que se encuentran ahora en Infantil y Primaria pasaron gran parte de sus veranos rellenando estos materiales o cumplimentándolos en el último minuto para poder entregarlos al inicio del nuevo curso.

Lucía Pérez Arias, psicóloga orientadora de educación Infantil y Primaria en los colegios La Inmaculada – Marillac, Santa Isabel y La Merced, ubicados en Madrid, entiende que, quizás, el principal motivo del rechazo a los deberes en verano se deba a la connotación que carga la palabra propia, asegurando que «con el tiempo el concepto de “deberes” en verano ha ido evolucionando. Hace años se focalizaba en terminar determinado cuadernillo en el periodo vacacional. El horizonte que hay ahora es eliminar esa idea y enfocarlo como la realización de múltiples tareas sin que los niños tengan la sensación de estar haciendo deberes. Teniendo en consideración este enfoque, que un niño haga deberes en verano podría considerarse quizá no una obligación, pero si una recomendación«.

La popularización de los campamentos de verano, de cursos que desarrollan otras destrezas en los niños y el desarrollo de aplicaciones y distintas TICs se presentan como una oferta atractiva para los padres que, aunque conocen la lista de recomendaciones proporcionadas por los centros educativos, prefieren optar por este tipo de experiencias durante el verano para complementar la educación de sus hijos.

Propuestas alternativas

Gamificación, actividades lúdicas, juegos tradicionales e iniciativas propias. La temporada estival no precisa de la desaparición por completo de una rutina y de actividades, pero sí de un cambio de esta para que se adapte al tiempo, espacio y compañía de la que el niño disfrutará durante las semanas del verano.

Sin embargo, las nuevas generaciones son, antes que nada, nativas digitales. Fleitas, docente de Infantil de niños de 3 años, reconoce que la tecnología se puede utilizar para facilitar el conocimiento a los niños, pero que no es la única vía para educarles.

«Una pantalla, sobre todo para niños de infantil, es lo más cercano a su realidad, es la manera en la que están acostumbrados a adquirir el conocimiento, a través de la imagen. Pero eso no quiere decir que todo sea a través de la imagen, ya que los puede convertir en espectadores pasivos ante las situaciones de la vida» asegura Fleitas.

Una niña con una mano pintada con tempera durante el verano

El uso de plataformas como Smartick para el fomento de las matemáticas y la lectura o la utilización de la web Google Arts & Culture para acercar a los niños al mundo artístico son algunas de las propuestas que mezclan, a través de herramientas pedagógicas dinámicas y divertidas, el contenido que se busca reforzar durante el verano.

Además, Pérez Arias, junto a Juan Carlos Bolinches, también psicólogo orientador en el Equipo de Orientación Educativa y Psicopedagógica en la Comunidad de Madrid, explican que se pueden completar fichas y cuadernillos, pero que también se pueden realizar juegos que trabajen distintas competencias, como un trabajo individual del niño o acompañado de su familia.

«Resolver adivinanzas, problemas de una manera más divertida y en conjunto, escribir postales o cartas a familiares y/o amigos, pues esta última es un ejemplo de fomento de la competencia en comunicación lingüística»

Asimismo, apuntan que es importante el apoyo de los padres para la exploración de un hobby de interés para el niño como la música, los animales o la naturaleza, buscando de alguna forma enlazar lo aprendido durante el curso con la vida real.

Corrales, por su parte, es una gran defensora de la lectura como actividad complementaria para el verano, invitando a sus alumnos de Primaria a explorar una diversa cantidad de títulos. Además, propone que los niños «se compren un cuadernito y que vayan escribiendo tipo diario… porque ¿Qué se van a poner a estudiar? ¿Naturales y Sociales?«.

Asimismo, la docente asegura que a través de la lectura y escritura los alumnos «están haciendo el esfuerzo de sintetizar, de escribir bien, de hacer un pequeño dibujo… de aprender a trabajar la parte emocional«.

Un aprendizaje activo y vivencial que complemente el académico

«Que sepan relacionarse, que sepan perder, que sepan compartir con los amigos. Esas son cosas que las trabajamos en clase, que no es solo un contenido, sino saber desenvolverse en el día de mañana en el mundo, el aprendizaje cooperativo, todo lo relativo a lo competencial… que sepan poner en práctica todo eso cuando se pongan a jugar con un amigo: a saber decidir a qué lugar ir, negociar las condiciones» comenta Corrales, docente de alumnos de edades entre 10 y 12 años.

La perspectiva ha cambiado. La preocupación de muchos maestros se encuentra ahora en la formación de niños con competencias como la interacción con sus iguales, el saber desenvolverse el día de mañana en una entrevista o en un ambiente de trabajo. Uno de los objetivos más importantes es el de dotarles de las conocidas soft skills para educarles con una formación integral y más humana y práctica, con aprendizajes vivenciales y significativos. Siempre desde la sugerencia y no desde la imposición.

En este sentido, Pérez Arias y Bolinches, como psicólogos orientadores, reconocen que «en los últimos años, en los centros educativos se están empleando durante el curso metodologías activas como grupos cooperativos, gamificación, aprendizaje basado en proyectos, Flipped Classroom, entre otros. Por lo tanto, durante el verano es interesante mantener esa línea de construcción de su propio aprendizaje fomentando un aprendizaje más vivencial».

Además, ambos aseguran que no es incorrecto el uso de cuadernillos de verano, pero que también es importante que la familia trabaje con los elementos del día a día de la temporada para fomentar el desarrollo de otras competencias en los niños. En este sentido, Corrales también propone ofrecer otro tipo de actividades en la que padres y niños puedan involucrarse y hacer uso activo de las matemáticas, como una visita al supermercado para analizar la compra o jugar a las cartas.

Verano: una temporada para aburrirse

Por otro lado, ambos psicólogos orientadores coinciden en que los días de verano tienden a no ser iguales debido a las dinámicas familiares, y por ende, no hay una rutina tan marcada en este periodo. Esto lo reconocen como parte del aprendizaje que el niño adquiere por medio de imprevistos que surgen debido a la flexibilidad de las fechas y circunstancias que se escapan del control de las familias.

Asimismo, afirman que es importante que los niños se aburran, desconecten y jueguen durante el verano: «el aburrimiento también es una fuente de aprendizaje, pues los niños desarrollan su creatividad«.

Una niña lee su cuaderno en una playa durante el verano

El futuro de los deberes en verano

Para algunos profesionales del área, el futuro de los deberes en verano es incierto. Para otros, ya somos testigos de ese supuesto mañana. La educación de centros educativos de niveles de Infantil y Primaria, complementada con las nuevas tecnologías y una transformación digital acelerada, producto de la pandemia por la Covid-19, ha sido obligada a cambiar y adaptar las metodologías de enseñanza a las necesidades actuales. Sin embargo, la idea tampoco es abandonar por completo las herramientas tradicionales.

La formación de un niño, que no depende solo de la educación obtenida en los colegios durante el periodo lectivo, debe estar acompañada de la familia. Afianzar y reforzar los conocimientos obtenidos durante el curso es una cuestión de todos los días y no requiere de una metodología única, pero sí de un acompañamiento del centro educativo y de los padres del niño.

Al final, el verano no es más que una temporada para generar nuevas experiencias que sumen a la formación del estudiante. Una oportunidad para no descuidar la educación, sino para diversificarla.

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