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Crioges, pyme pionera en la gestión de de residuos sanitarios con temperaturas y riesgos ‘bajo cero’

¿Cuántas veces hemos escuchado que el pollo se descongela en la nevera y no a temperatura ambiente? Probablemente las suficientes como para saber que, cuando olvidamos hacerlo y lo dejamos en la encimera, estamos haciendo algo que no deberíamos. El frío frena la proliferación de bacterias y el calor las despierta. Lo sabemos para la cocina. Sin embargo, durante décadas, este principio no se había aplicado a la gestión de los residuos más peligrosos de un hospital: aquellos acumulados en contenedores abiertos, a temperatura ambiente, en mitad de un pasillo.

Esto se traducía en un entorno compartido entre profesionales sanitarios, técnicos y pacientes, y formaldehído, xileno, microbacterias y restos de quimioterapia. Un cúmulo de emisiones invisibles con consecuencias silenciosas. Sin embargo, estos focos peligrosos se convirtieron en estaciones de bioseguridad con la llegada de Crioges y su sistema integral patentado: una solución para reducir la temperatura de ambientes caldeados y potencialmente tóxicos en el sector sanitario.

Bajas temperaturas constantes para emisiones controladas. Esa fue la clave para Eduardo Toro Casasnovas, director general y fundador de Crioges, una empresa que nació en 2009 en Madrid con el objetivo de eliminar las emisiones tóxicas permanentes de los residuos biológicos y químicos concentrados en contenedores ubicados en hospitales, centros de salud, laboratorios y farmacias.

Sin embargo, transformar estos puntos de emisiones peligrosas en estaciones de bioseguridad requiere de aliados para poder, mediante innovadores proyectos como este, garantizar el desarrollo y la innovación en el sector sanitario, uno de los eslabones más importantes de nuestra sociedad. «BBVA fue el primer banco que apoyó a esta empresa a salir para adelante, con pequeños créditos, pero que para nosotros eran un mundo» reconoce Toro Casasnovas.

«BBVA fue el primer banco que apostó por nosotros cuando éramos muy pequeñitos»

Esta pyme es una realidad gracias al impulso de la entidad bancaria mediante una póliza, una primera carta de crédito y 20.000 euros para comprar materia prima. Poco en términos absolutos, un mundo para una empresa que en ese entonces daba sus primeros pasos. «BBVA fue el primer banco que apostó por nosotros cuando éramos muy pequeñitos», recuerda el director general de Crioges tras su paso por varias instituciones financieras en busca de un aliado para su revolucionario proyecto.

Bajar la temperatura, purificar el ambiente y aumentar la bioseguridad

El sistema de Crioges se compone de un equipo que alberga en su interior envases homologados para residuos sanitarios. De forma hermética y a una temperatura que oscila entre -8 y -10 °C, la unidad aísla y congela estos desechos hasta su recogida. Pero la criogenización de estos materiales descartados es solo una parte del proceso: el equipo tiene integrado un purificador de aire por oxidación fotocatalítica que constantemente absorbe y neutraliza las emisiones de los residuos tóxicos peligrosos que van acumulándose en su interior evitando, sobre todo, la fuga de estos compuestos orgánicos volátiles cuando se abre la compuerta para desechar nuevos materiales.

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«Además, cuando no estamos vertiendo residuos, esta estación de bioseguridad está descontaminando la zona del hospital las 24 horas, los 7 días a la semana con ionización», completa Toro Casasnovas sobre la composición y funcionamiento de este sistema. Y es que esta solución, que parece obvia en entornos tan sensibles y vulnerables como aquellos dedicados a la salud, se ceñía perfectamente a aquella frase de El Principito que dice que ‘lo esencial es invisible a los ojos’.

La afirmación es prudente ya que estos desechos sanitarios, previa implementación de esta red de equipamiento, se separaban en contenedores identificados según el tipo de residuo sin considerar sus emisiones: el problema residía en que estos insumos ya descartados se convertían en focos contaminantes. Por ejemplo, en hospitales oncológicos donde se producen cantidades considerables de residuos de fármacos citostáticos —utilizados en tratamientos como la quimioterapia—, la gestión de residuos podía suponer una actividad de alto riesgo para el personal expuesto a ellos sin un sistema que los neutralizara.

«Los residuos estaban bien clasificados, pero nadie prestaba suficiente atención a la peligrosidad que podían conllevar para la salud humana y el medio ambiente de los propios hospitales», explica el director de la empresa. Esos contenedores, abiertos durante horas a temperatura ambiente, actuaban como ‘chimeneas’ silenciosas: liberaban al aire agentes volátiles como el formaldehído o el xileno, microbacterias y otros compuestos tóxicos sin que nadie pudiera verlo ni medirlo. «Vi que los contenedores no eran lo suficientemente herméticos para evitar esas emisiones», añade. Fue ese el momento en que se presentó la oportunidad para transformar cada punto de residuo peligroso en una estación de bioseguridad donde las emisiones, los derrames, los pinchazos accidentales y los riesgos asociados quedaran en el pasado.

Profesionales sanitarios y pacientes protegidos

Desde irritación en los ojos y la piel, dolores de garganta y de cabeza, náuseas, afecciones respiratorias, hasta problemas respiratorios, enfermedades hepáticas y desarrollo de células anormales: la exposición continuada a estas emisiones biológicas y químicas no solo genera malestar y propensión a ciertas enfermedades; supone una amenaza para todo el sistema de salud de un país integrado, precisamente, por personas.

Presente en hospitales, centros de salud, clínicas especializadas, laboratorios de anatomía patológica, centros veterinarios y laboratorios de investigación, así como en farmacias, consultas dentales y universidades, el sistema desarrollado por Crioges busca resguardar la salud de todos los ciudadanos que hacen vida en estos espacios, sobre todo la de los profesionales sanitarios. «Descontaminamos toda la zona hospitalaria, desde el suelo hasta el techo, en todos los metros cúbicos que sean necesarios, con lo cual todo el riesgo ambiental posible de enfermedades cruzadas que pueda haber con estos sistemas prácticamente queda anulado«, confirma Toro Casasnovas.

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Además del compromiso con el sector, la solución ofrece resultados inmediatos una vez instalados los equipos. Antes y después de la instalación del sistema en los espacios requeridos, se realiza una evaluación ambiental del entorno. «La segunda medición de contraste sirve para verificar que, efectivamente, la reducción de contaminantes ha bajado entre un 70 y un 80%, llegando algunas veces al 90% de todos los agentes biológicos y químicos que estaban en suspensión antes de la instalación de Crioges», asegura el CEO.

Por ello, no parece un hecho azaroso que Salud Madrid, CatSalut, Sescam, Rioja Salud, el Servicio Andaluz de Salud y el Servizo Galego de Saúde sean algunos de los sistemas sanitarios públicos españoles que confían en la tecnología de Crioges, al igual que grupos sanitarios privados como Hospiten, Quirónsalud, Vithas, Sanitas y HM Hospitales.

Tecnología y sostenibilidad

Mejorar las condiciones de trabajo, reducir el impacto medioambiental y proteger a los profesionales son tres de los objetivos de Crioges. Sin embargo, ¿cuál es la fase más delicada de toda la gestión de residuos sanitarios?

«La fase más peligrosa es la de llenado, cuando hay cientos de envases abiertos en centros de salud, hospitales y clínicas», asegura el director de la empresa de bioseguridad. Pero este momento crítico de la gestión ha sido la gasolina que ha permitido impulsar, desarrollar y permitir que el sistema evolucione hasta la actualidad.

Con el anillo de higienización permanente conformado por la red de equipamientos patentados, los profesionales y pacientes se encuentran resguardados frente a las amenazas provocadas por las emisiones de estos residuos tóxicos. Por otro lado, el desarrollo del sistema Smart Crioges, automatizado y sin necesidad de contacto físico, incorpora un sensor volumétrico conectado a una aplicación que monitoriza en tiempo real el nivel de llenado de cada contenedor, evitando que se retiren antes de tiempo, que se prolongue la exposición a estos residuos y garantizando que la capacidad de cada envase se aproveche al máximo.

«Transportar estos residuos si el contenedor no está lleno es transportar aire porque no se ha aprovechado bien el envase; es fabricar más contenedores de plástico de lo normal», relata Toro Casasnovas. Y es que estos envases homologados de 30 y 60 litros empiezan a contaminar mucho antes de que empiecen a llenarse: se fabrican, se trasladan a los hospitales, se llenan de residuos sanitarios, se cierran y viajan hasta una planta de incineración. Este proceso implica miles de contenedores al año y un impacto medioambiental incalculable. Por ello, la apuesta de Crioges no solo proporciona un proceso de gestión más seguro, sino más responsable con el planeta.

Una confianza que cruza fronteras

Los residuos sanitarios peligrosos son —precisamente— peligrosos, no importa el idioma ni la latitud. Por esta razón no causa impresión que Crioges, con patente reconocida a nivel mundial, ya tenga presencia en distintos centros sanitarios ubicados en México, Chile, Estados Unidos, Japón, Canadá, Corea, Arabia Saudita y, por supuesto, en toda Europa. 

Su continua expansión e internacionalización son una apuesta que Eduardo Toro Casasnovas considera factible, porque, al final del día, Crioges da solución a una problemática universal del sector con sello de calidad local. «Fabricamos aquí en España, con todas las altas calidades que tenemos, aunque no descartamos, por el volumen que se espera para el día de mañana, establecer fábricas en otros países», reconoce el directivo.

Actualmente, esta pyme madrileña tiene presencia en los sistemas sanitarios de todas las comunidades autónomas españolas; cuenta con sedes en la Comunidad de Madrid, Cataluña y Andalucía, así como distribuidores en otras naciones de Europa, América y Asia. Sin embargo, lo que hoy es una empresa consolidada empezó con un voto de confianza financiero del BBVA que se mantiene en la actualidad y que le permite seguir expandiendo una solución que protege a los usuarios y profesionales sanitarios.

Futuro de Crioges

La pyme madrileña no tiene planeado congelar sus oportunidades ni reducir su influencia en el panorama internacional. Por ello, la integración de la inteligencia artificial en su solución para prevenir riesgos y ofrecer bioseguridad en los centros sanitarios es un asunto en el que ya están trabajando.

Gestionar mejor el residuo, optimizar los procesos internos y externos, monitorizar la calidad ambiental, detectar fugas y emisiones tóxicas en tiempo real y tomar medidas correctivas in situ: las nuevas tecnologías ofrecen un universo de posibilidades y mejoras para los profesionales sanitarios, técnicos y pacientes.

«La idea es aportar más información al usuario, facilitar su labor y que la interacción entre el proveedor y el sistema sanitario sea fluida», concluye Toro Casasnovas.

Al final del día, el sistema de Crioges impulsa las condiciones para tener una sanidad más segura para todos, lo cual no es tan diferente de lo que aprendemos en nuestro propio hogar: a veces, la solución más efectiva es también la más evidente. El pollo, descongelado en la nevera. Los residuos peligrosos, a temperaturas bajo cero.

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