Palacio Laredo

El Palacio Laredo, la joya mudéjar que se esconde a plena vista en Alcalá de Henares

En pleno centro de Alcalá de Henares, lejos de los grandes focos turísticos pese a su cercanía con el casco histórico, se alza uno de los edificios más singulares y sorprendentes de la ciudad complutense. El Palacio Laredo, declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 1975, es una joya del historicismo de finales del siglo XIX y un fiel reflejo de la personalidad de su promotor, Manuel José de Laredo y Ordoño, artista polifacético y también alcalde de la ciudad.

El palacio de un creador inquieto

El edificio toma su nombre de Laredo, a quien tradicionalmente se ha atribuido su diseño. Sin embargo, según recoge la Comunidad de Madrid, el proyecto fue obra del arquitecto Juan José de Urquijo, con quien el propio Laredo había colaborado previamente en la restauración del Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares.

Para levantar su residencia, Manuel José de Laredo adquirió en 1880 dos terrenos situados en las Eras de San Isidro. Las obras comenzaron ese mismo año y se prolongaron hasta 1884, dando forma a un inmueble concebido desde su origen como espacio artístico, simbólico y representativo, más cercano a una obra total que a una vivienda convencional.

De residencia privada a quinta de recreo

En 1895, poco antes del fallecimiento de su impulsor, el palacio fue vendido a Carlos Lardet y Bovet, relojero y cónsul suizo afincado en Madrid, quien transformó el edificio en una quinta de recreo.

El inmueble volvió a cambiar de manos en 1918, cuando fue adquirido por Vicente Villazón Fernández, que lo rebautizó como Quinta Concepción, reformó el edificio y amplió los límites de la finca. En 1942, pasó a ser propiedad de los hermanos De Luque y Ángel Aguiar, iniciando una etapa más discreta.

Donación, abandono y recuperación

El gran punto de inflexión llegó en 1973, cuando los últimos herederos decidieron donar el palacio al Ayuntamiento de Alcalá de Henares. Tras años de decadencia y abandono, el edificio fue finalmente restaurado en 1988 y cedido a la Universidad de Alcalá.

En la actualidad, el Palacio Laredo alberga el Centro Internacional de Estudios Históricos Cisneros y el Museo Cisneriano, donde se conserva, entre otras piezas de gran valor, un ejemplar completo de la Biblia Políglota Complutense, una de las obras cumbre del humanismo europeo.

Eclecticismo arquitectónico con alma mudéjar

Desde el punto de vista arquitectónico, el Palacio Laredo es un ejemplo sobresaliente del eclecticismo historicista, en el que conviven referencias al gótico, el mudéjar y otros estilos medievales reinterpretados con libertad creativa.

Aunque en ocasiones se adscribe al neomudéjar por su profuso uso del ladrillo, su seña de identidad es la complejidad y variedad de sus fachadas, donde se combinan arcos lobulados y de herradura, matacanes, miradores, minaretes y torreones, componiendo un conjunto casi escenográfico.

El exterior destaca especialmente por la torre del reloj, concebida como un minarete y rematada por una cúpula de escamas de cerámica vidriada en verde y blanco, visible desde distintos puntos del entorno urbano.

Un interior pensado como obra de arte total

El interior del palacio no se queda atrás en riqueza decorativa. Cada estancia fue concebida con una identidad propia, siguiendo distintos estilos históricos. Destaca el Salón del Alfarje, con un soberbio artesonado de madera, y la sala árabe, un espacio íntimo decorado con yeserías y azulejos que evoca, desde la distancia, la Alhambra de Granada.

El Salón de los Reyes, el corazón del palacio

La estancia más emblemática es, sin duda, el Salón de los Reyes. Sus paredes están decoradas con frescos pintados por el propio Laredo, que representan a los monarcas de la Corona de Castilla desde Alfonso X hasta Carlos V, junto al arzobispo Pedro Tenorio.

La sala alberga además una bóveda gótica trasladada desde el castillo de Santorcaz y presenta una cuidada decoración de zócalos de madera de estilo gótico-mudéjar y paneles de yesería. Sobre la bóveda se despliega una evocadora concepción astronómica medieval, con los meses y días del año señalados en la esfera celeste y constelaciones representadas con un efecto metálico que brilla cuando la luz del sol atraviesa las vidrieras policromadas.

Hoy, lejos del bullicio turístico y casi como un secreto bien guardado, el Palacio Laredo sigue sorprendiendo a quienes cruzan su umbral: una fantasía arquitectónica del siglo XIX que convierte la historia, el arte y la imaginación en un mismo espacio.

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