El pabellón de Espartales, en Alcalá de Henares, ha pasado en apenas unos minutos de ser un refugio marcado por la incertidumbre a convertirse en el escenario de una celebración cargada de emoción. Tras varios días alojados por la evacuación provocada por el gran incendio de la Sierra Oeste, los vecinos de Cenicientos recibieron este martes con un largo aplauso la noticia que más esperaban: podrán regresar a sus casas a partir de las 17.00 horas.
Mientras unos preparaban las maletas entre abrazos de despedida con los voluntarios de Protección Civil, otros seguían esperando. Los evacuados de Zarzalejo deberán permanecer, por el momento, en el pabellón hasta que las autoridades consideren seguro su regreso.
El aplauso más esperado tras días de incertidumbre
«Para la población de Cenicientos, a partir de las 17 horas vamos a ver cómo gestionamos los autobuses para que volváis a vuestro domicilio». Ese anuncio, realizado por Protección Civil, desató una ovación espontánea entre los vecinos, que llevaban varios días lejos de sus hogares.
Las autoridades pidieron que nadie emprendiera el regreso por cuenta propia, aunque dispusiera de vehículo, para coordinar un retorno ordenado y seguro.
La teniente de alcalde y concejala de Turismo de Alcalá de Henares, Isabel Ruiz Maldonado, resumía el sentir general: los vecinos de Cenicientos estaban «muy contentos porque se van a casa», mientras que los de Zarzalejo afrontaban la noticia con sentimientos encontrados, aunque convencidos de que su vuelta también llegará pronto.
«Ya nos vamos, gracias a Dios»
Entre los rostros de felicidad estaba el de Jorge Antonio, vecino de Cenicientos, que ha permanecido en Espartales desde el sábado junto a su esposa y su perra, Jara.
«Ya nos vamos, gracias a Dios, menos mal«, afirmaba tras conocer la noticia.
Jorge no escatimó elogios hacia la acogida recibida en Alcalá de Henares durante estos días.
«Aquí realmente nos han dado de todo. No nos ha faltado nada, desde comida hasta veterinario para los perros»
Su mascota también recibió atención veterinaria, alimento y cuidados durante la estancia en el pabellón.
Sin embargo, el recuerdo de la evacuación sigue muy presente. Jorge explica que aquella mañana pensó inicialmente que el cielo estaba cubierto por nubes, hasta que salió de casa y descubrió que el color rojizo del horizonte era consecuencia del incendio.
Poco después, la Guardia Civil recorrió las calles ordenando una evacuación inmediata. Él y su mujer apenas tuvieron tiempo para recoger algunas pertenencias antes de subir a los autobuses.
Cuando la emergencia crea una familia
Más allá del alojamiento, el pabellón de Espartales ha sido durante estos días un lugar donde se han creado vínculos inesperados.
Ángela Roldán, voluntaria de Protección Civil, reconoce que la experiencia ha sido tan intensa como emotiva.
«Han sido días de muchísimo cansancio, pero también de mucha felicidad. Al final les coges un cariño increíble. Ya no es una relación entre voluntario y evacuado, sino entre amigos», explica.
Los abrazos de despedida entre vecinos y voluntarios reflejaban precisamente esa conexión que se ha ido forjando durante la emergencia.
Una rutina improvisada lejos de casa
Durante los últimos días, las cerca de 160 personas alojadas en Espartales han convertido el pabellón en un hogar provisional.
Las jornadas seguían un horario fijo: desayuno desde primera hora de la mañana, comida a mediodía, cena por la noche y luces apagadas alrededor de las 23.30 horas. Para quienes debían seguir trabajando, Protección Civil preparaba desayunos antes del amanecer.
Los propios evacuados colaboraban además en la limpieza y organización del recinto, mientras los más pequeños disfrutaban de una zona infantil con juguetes, talleres, televisión e incluso representaciones teatrales. Este martes, algunos combatían los casi 40 grados jugando con pistolas de agua mientras los adultos escuchaban las instrucciones para el regreso.
El pabellón también contaba con espacios específicos para familias, sala de lactancia, sala de curas y habitaciones adaptadas para quienes llegaron acompañados de sus mascotas, además del apoyo del servicio veterinario municipal.
La espera continúa para Zarzalejo
La salida de los vecinos de Cenicientos aliviará notablemente la ocupación del pabellón, que llegó a acoger a 195 personas durante los momentos más críticos de la emergencia.
Sin embargo, el dispositivo permanecerá operativo para atender a los evacuados de Zarzalejo, que todavía no pueden regresar a sus viviendas mientras continúan las labores para garantizar la seguridad en la zona.
Así, mientras una parte del pabellón hace las maletas y pone rumbo a casa entre lágrimas, abrazos y sonrisas, otra seguirá esperando. Como resume una de las voluntarias, «son buenas noticias, pero es una mezcla total de emociones». Porque, tras varios días compartiendo incertidumbre, todos esperan que el próximo aplauso anuncie también el regreso de quienes aún permanecen lejos de sus hogares.



