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Eduardo de los Santos

Eduardo de los Santos: «Siempre quiero largarme de Madrid, pero luego me muero por volver»

«Madrid Q&A» es una indagación, en forma de cuestionario, sobre la relación personal de vecinos o visitantes de Madrid con la ciudad. Y, quien dice la ciudad, dice del Xanadú al pico de Peñalara: que Madrid, ya lo sabemos, no es tanto un callejero como un estado mental.

Ha escuchado la nota azul del insomnio en Madrid y ha escrito con ella una primera novela, Yas, que es un hijo echado a las aguas del confinamiento. Pero la crítica ha rescatado al niño y ya lo está criando como propio, sin negarle un capricho ni un elogio. Cuando salgamos de nuevo a contagiarnos de vida, Eduardo de los Santos no será únicamente el librero de Pasajes –tantas veces nos habrá aconsejado o dado las vueltas desde su sonrisa— sino el joven autor revelación de Alfaguara esta Feria. Y, ojalá, nombre habitual en las venideras.

1. ¿Cuándo le dan a uno el carnet de madrileño?
En cuanto uno pone el pie en Madrid, aunque ese es provisional. El oficial se adquiere cuando vas a otra ciudad y te das cuenta de que echas de menos el agua del grifo.

2. ¿Qué es lo mejor de un gato? ¿Y lo peor?
Lo mejor de ser gato es el propio gentilicio coloquial “gato”. Me gusta mucho. Lo peor, la contaminación desde pequeño.

3. ¿Dónde queda el ascensor para ir de Madrid al cielo?
En ningún lado. Esta es una ciudad de cuestas y escaleras, y tiene pinta de que al cielo se llega andando.

4. ¿Cuál es el último amanecer que ha visto o, en su defecto, el que no olvidará nunca?
Madrugo mucho, incluso cuando no trabajo, y a menudo veo amanecer. Uno que nunca olvidaré: desde la ventanilla de un autobús que salía de Moncloa en dirección a Oviedo, en julio. Iba a visitar a mis amigos al campamento en el que éramos monitores, en un albergue de Belmonte de Miranda, y terminaba una noche de reencuentros felices.

Estación de autobuses de Moncloa, con el edificio del Ejercito del Aire de Fondo

5. ¿Una alcoba en el centro, o un palacio en las afueras?
Un palacio en las afueras. Puede que sea más barato que un cuarto en el centro de Madrid, tal y como están las cosas.

6. Desmiéntame un tópico sobre Madrid o los madrileños.
No sé si puedo. Desde luego, no todos somos del Real Madrid, yo apenas sé lo que es un fuera de juego por el FIFA; y jamás me he comido un bocata de calamares en la Plaza Mayor (hasta que ha llegado un forastero), y menos al grito de que Madrid tiene el mejor pescado de España, algo que dudo mucho y que, de ser verdad, sería un disparate.

7. Ahora, confírmeme otro.
En Madrid solemos dejar para mañana lo que podemos (o no) hacer hoy, sobre todo los cafés apalabrados con los amigos, que pasan de una semana a la siguiente con indolencia, y las llamadas telefónicas, que se nos acumulan, pospuestas hasta salir del metro. Esta actitud es la que desde hace mucho impone el ritmo productivo de la ciudad, y entiendo que se nos identifique con ella, aunque no sea algo exclusivamente madrileño. Habría que vernos en Pekín o en Nueva York.

8. ¿Cuál es el mejor momento del año para degustar Madrid?
Entre las ocho y las nueve de la tarde al final del verano; más bien las nueve si es más hacia el verano que hacia el final, y las ocho si estamos en septiembre. Agosto es lo mejor: calles vacías, cines desiertos, el trabajo suele ser menos estresante, se puede hablar con calma en las terrazas… Todo pasa más lento, la ciudad propicia encuentros y escenas extraordinarios, y se vuelve especialmente dócil y acogedora.

9. ¿En qué rincón de la ciudad se cita con la nostalgia?
En ninguno en particular. Paseo con música, esa es la diferencia: mi cita con la nostalgia son mis auriculares, de los que normalmente prescindo. Y busco alturas o la proximidad del río.

10. ¿Para qué sirve una olimpiada?
Buena pregunta. Supongo que puede implicar un aumento significativo en las cifras del empleo local y la mejora de servicios e instalaciones deportivas y urbanas para el posterior disfrute de los ciudadanos, pero las cosas han cambiado mucho desde Barcelona 92 y la experiencia económica de las últimas sedes no es alentadora. Tampoco tiene por qué servir para nada, por otro lado. Confío, en todo caso, en quien haga las cuentas con un Excel y una calculadora y un mínimo de responsabilidad.

11. ¿Qué le enamora más… de Barcelona?
Sus librerías. Barcelona me flipa. En plan, mazo.

12. ¿Quién es Madrid hecho carne?
Antonia, mi vecina, una señora italiana que lleva cuarenta años aquí y que no pasa un día sin quejarse de la ciudad y de los portazos que damos “los jóvenes”. Se parece mucho a Fernando Fernán Gómez, además.

13. ¿De qué piezas consta su día diez en Madrid?
Escribir y que funcione. Leer al aire libre y que no importe no escribir. Mucho tiempo a solas, antes de ir a trabajar a la librería o, mejor, a la Feria del Libro en el Retiro. Dulces: tarta de algo, café con chocolate u horchata. La promesa de una cena riquísima, o de una peli buena, o de teatro, con personas muy queridas y cercanas. Y un ambiente festivo del que después elegir si participar o no, con fuegos artificiales para ver desde la ventana, verbenas escondidas entre los edificios del centro, música ligera. Algo así.

Feria del Libro de Madrid

14. ¿Cuál es el himno no oficial de Madrid?
Pongamos que hablo de Madrid, claro. Aunque mi himno personal lo constituyen un álbum de Pereza y dos canciones de Quique González.

15. ¿Qué vista de Madrid le hace olvidar el mar?
La del Templo de Debod o las de las Tetas de Vallecas y más cuando atardece.

16. ¿Callos o sushi? Y, ya que estamos, ¿Lucio o DiverXo?
Sushi. Y Lucio. No he ido al DiverXo. En realidad, tampoco a Lucio, aunque tuve que hacer una encuesta allí para la subcontrata de una empresa cervecera hace seis años, y me trataron muy bien. Podré contestar más apropiadamente a esta pregunta si me invitáis a cenar en ambos.

17. ¿Cuál es su rasgo más inequívoco de madrileñismo?
Que siempre quiero largarme de Madrid, pero me muero por volver en cuanto me voy.

18. ¿A quién le alfombraría de claveles la Gran Vía?
A mis amigos en México, honrando la canción. Ojalá puedan venir pronto.

19. ¿Hay vida más allá de la M-30?
Sí, la vida entera, y vidas muy distintas según qué dirección.

20. ¿Cuál es el secreto mejor guardado de su Madrid?
Lo que ocurre con los coches aparcados en Ribera de Curtidores la madrugada de los domingos. A las tres de la mañana, cuando vuelves a casa, la calle está repleta de coches y no hay ni un alma. Luego abre El Rastro, al amanecer, y no queda ninguno. Es un misterio. Yo lo he visto.

Calle Ribera de Curtidores

21. ¿Y su último descubrimiento en la capital?
La esquina de la calle del Rollo con la calle Segovia, a la altura de la Plaza de la Cruz Verde. Hay ahí una terracita resguardada, y los tejados son bajos y por encima se ven el viaducto de Bailén y las Vistillas.

22. ¿Qué vez se dejó el corazón en Madrid, como Chavela?
Cuando me fui a Córdoba, donde pasé un año entre 2017 y 2018. Chavela no tendría que haberse dejado el corazón en ningún lado, qué pena de todo sin ella.

23. Lugar de Madrid en que ha sido más feliz
Un extinto banco de madera muy cerca del Vips de Alberto Aguilera, extinto también.

24. Mejor lugar para aprender algo de un hijo
No lo sé. ¿En un parque? Ahora están cerrados. Y las bibliotecas igual. ¿La sección de infantil de las librerías?

25. Si se pierde, ¿dónde le encontramos?
En la sierra. En la casa de mi abuelo, en Manzanares el Real, muy cerca de la entrada a La Pedriza. O en la de un amigo poeta, que es también mi compañero de piso, en Robledo de Chavela.

Eduardo de los Santos

Eduardo de los Santos, escritor y librero en Madrid desde 2014, publica su primera novela.