La Comunidad de Madrid ha iniciado el expediente para proteger como Bien de Interés Patrimonial la ermita de San Nicasio de Leganés, un templo del siglo XVIII que conserva en su interior siglos de historia. Bajo el suelo de su sacristía están enterrados Julián y Leandro Rejón, dos agricultores considerados héroes locales por su participación en los acontecimientos del 2 de mayo de 1808 y en la rebelión de los vecinos frente a las tropas de Napoleón.
El expediente, publicado en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid (BOCM), propone declarar el inmueble Bien de Interés Patrimonial (BIP), en la categoría de Monumento, debido a su valor histórico, arquitectónico, artístico, urbano e identitario.
El edificio ha sobrevivido a epidemias, problemas de humedad, conflictos bélicos, saqueos y periodos de abandono, pero continúa manteniendo el uso religioso para el que fue concebido.
Una ermita nacida tras una epidemia
La relación de Leganés con san Nicasio se remonta mucho más atrás que la construcción del actual templo. La devoción al santo comenzó al menos en el siglo XVI, vinculada a una epidemia que provocó una importante mortalidad entre los habitantes de la localidad.
Según recoge el expediente de protección, los vecinos pidieron al arzobispo de Toledo, Francisco Ximénez de Cisneros, que intercediera ante el papa Alejandro VI para conseguir un patrón al que encomendarse frente a la enfermedad.
A comienzos del siglo XVI llegó la bula papal y comenzó la construcción de una primera ermita dedicada a san Nicasio. Sin embargo, las obras se prolongaron durante décadas y el templo no llegó a terminarse hasta cerca de un siglo después.
Esta primera construcción permaneció como lugar de culto hasta el siglo XVIII, cuando fue sustituida por la ermita que ha llegado hasta nuestros días.
La huella de Ventura Rodríguez
La actual ermita se atribuye tradicionalmente a Ventura Rodríguez, una de las grandes figuras de la arquitectura española del siglo XVIII y autor de algunos de los monumentos más reconocibles de Madrid, como las fuentes de Cibeles, Neptuno y Apolo, la iglesia de San Marcos o el palacio del infante don Luis de Boadilla del Monte.
La autoría no está plenamente documentada, pero el expediente considera «muy plausible» que Ventura Rodríguez diseñara tanto la ermita como su desaparecido retablo mayor.
Una descripción elaborada antes de 1786 a partir de la información facilitada por el párroco de Leganés ya atribuía la construcción al arquitecto. Décadas después, Pascual Madoz también señaló en su diccionario geográfico de 1850 que se trataba de una «bonita y sólida capilla» cuya obra había dirigido Ventura Rodríguez.
En el caso del retablo mayor sí existe documentación directa. En octubre de 1764 se encargó a Diego Camarón y Compañía su construcción, siguiendo un proyecto de Ventura Rodríguez y por un importe de 7.300 reales.
El contrato establecía que la madera debía estar seca y ser examinada por el propio arquitecto. También indicaba que la escultura debía realizarla Juan Pascual de Mena, o cualquier otro artista aprobado por Rodríguez, y que todas las partes del retablo tenían que ajustarse a su diseño.
El retablo terminó desapareciendo, probablemente debido a la humedad y el paso del tiempo, aunque se conserva un grabado que permite conocer cómo era.
Una arquitectura marcada por la humedad
La ermita ya estaba construida antes de junio de 1775. Su ubicación sobre terrenos palustres ha condicionado buena parte de su historia, ya que el edificio ha sufrido problemas de humedad durante décadas.
El propio expediente señala que todavía pueden observarse humedades por capilaridad en las bases de algunas pilastras y en los revestimientos exteriores.
A pesar de ello, el estado general de conservación del templo se considera actualmente correcto.
Desde el punto de vista arquitectónico, la ermita presenta una planta de cruz griega organizada en torno a un espacio central cubierto por una cúpula semiesférica con linterna. Sus fachadas simétricas cuentan con pórticos rematados por frontones triangulares y elementos de orden corintio.
La Comunidad considera que el edificio constituye una destacada muestra del neoclasicismo madrileño del siglo XVIII y responde a una tipología de templo inspirada en modelos del clasicismo romano.
Saqueada durante la Guerra Civil
La ermita también sufrió las consecuencias de la Guerra Civil. El templo fue saqueado durante la contienda y posteriormente quedó sin uso.
La imagen original de san Nicasio, atribuida a Juan Pascual de Mena, ya se había perdido previamente, probablemente por los efectos de la humedad y el deterioro. La talla que la Hermandad colocó a comienzos del siglo XX fue destruida al inicio de la Guerra Civil.
No todo desapareció. Los vecinos lograron salvar un antiguo estandarte dedicado al santo, que escondieron durante la contienda para evitar que fuera destruido.
La recuperación del templo llegó décadas después. En los años 60, Gumersindo Repullo Écija, entonces presidente de la Hermandad de San Nicasio, promovió y costeó la restauración de la ermita.
Tras las obras, el edificio volvió a abrirse al culto y desde 1968 funciona como iglesia parroquial.
La actual imagen del patrón fue realizada en 1949 por el escultor madrileño Tomás Parés Pérez. A sus pies se encuentra una arqueta con una reliquia atribuida a san Nicasio: un fragmento de siete centímetros del extremo superior de un fémur que llegó a Leganés en 2019.
El interior conserva además cuatro pinturas murales del artista Manuel Alcorlo dedicadas a la vida y los milagros de san Nicasio. En ellas aparecen referencias directas a Leganés, entre ellas la propia ermita y la antigua iglesia de Polvoranca.
Los héroes de Leganés frente a Napoleón
Uno de los elementos históricos más singulares de la ermita se encuentra bajo el suelo de su sacristía. Allí están enterrados Julián y Leandro Rejón, dos agricultores que participaron en los acontecimientos del 2 de mayo de 1808.
Los dos vecinos fueron posteriormente convertidos en símbolos de la resistencia de los habitantes de Leganés frente a las tropas invasoras de Napoleón.
Sus restos forman parte así de la historia que conserva este templo, que reúne en un mismo espacio episodios vinculados a la religiosidad popular, la Guerra de la Independencia, la Guerra Civil y la evolución urbana de Leganés.
Una protección que incluye el entorno
La declaración como Bien de Interés Patrimonial no se limitará al edificio. La propuesta de protección contempla también su entorno inmediato, incluida la plaza de San Nicasio y parte de las avenidas Doctor Mendiguchía Carriche y Río Manzanares, así como de la calle Asturias y varias parcelas próximas.
Con esta iniciativa, la Comunidad de Madrid busca preservar uno de los edificios históricos más representativos de Leganés, un templo que mantiene su función religiosa y que, bajo sus muros, conserva parte de la memoria de la localidad.

