Antes de que Almería se convirtiera en uno de los grandes referentes del western en España, Hoyo de Manzanares ya contaba con su propio poblado del Lejano Oeste. Bautizado como Golden City, este enclave se convirtió en uno de los escenarios donde comenzó a tomar forma el western europeo, con sus fachadas de saloon, polvo, caballos y pistoleros.
Por sus decorados pasó además un joven Clint Eastwood, todavía lejos de convertirse en la estrella internacional que sería años después. El director de cine Víctor Matellano reivindica la importancia de estos escenarios en la historia del séptimo arte y sitúa en Hoyo de Manzanares el origen de un fenómeno que posteriormente se extendería por otros territorios españoles y europeos. “El western europeo como tal, consolidado, nace en Hoyo de Manzanares”, defiende Matellano.
Así nació Golden City
Según relata el cineasta, el poblado comenzó casi “como una anécdota”, cuando unos productores italianos llegaron a Hoyo de Manzanares para rodar un western con unos decorados muy sencillos, apenas unas fachadas.
El paisaje de la localidad madrileña recordaba a California y ofrecía el entorno que buscaban para recrear las historias de pistoleros. Sin embargo, los decoradores propusieron ir un paso más allá: en lugar de construir un decorado efímero, plantearon levantar un poblado del Oeste completo que pudiera reutilizarse en diferentes películas.

El productor Eduardo Manzano aceptó la propuesta y Golden City comenzó a funcionar como un pequeño estudio cinematográfico.
“Se ruedan dos películas seguidas, ‘El sheriff terrible’ y ‘Cabalgando hacia la muerte’, que son las dos que realmente se hacen, y empieza a funcionar”, explica Matellano.
A partir de entonces, el poblado se convirtió en uno de los escenarios de referencia del género y abrió una etapa en la que la Comunidad de Madrid acogió numerosos rodajes de westerns.
El poncho que convirtió a Clint Eastwood en un icono
La historia de Golden City quedó ligada para siempre a ‘Por un puñado de dólares’, la película dirigida por Sergio Leone que impulsó internacionalmente el western europeo y convirtió a Clint Eastwood en un icono del cine.
Pero el rodaje estuvo muy lejos del glamour de Hollywood. Eastwood era entonces conocido principalmente por su papel en la serie televisiva ‘Rawhide’.
“Clint Eastwood todavía no era Clint Eastwood”, resume Matellano, que recuerda una producción con un presupuesto muy ajustado, en la que apenas había un coche para trasladar al equipo y a los actores.
El intérprete comía bocadillos, dormía la siesta en el coche y apenas podía comunicarse con el resto del equipo, ya que en aquella época pocas personas podían hablar con él en inglés.
El cineasta sostiene además que “parece bastante claro” que fue en Hoyo de Manzanares donde Eastwood se puso por primera vez el mítico poncho que posteriormente se convertiría en uno de los elementos más reconocibles de la historia del western. “El famoso poncho mítico de la historia del cine es aquí”, destaca Matellano.
Rodajes entre generadores y llamadas desde el bar
La vida durante aquellos rodajes también distaba mucho de las grandes producciones actuales. En Golden City no había teléfono ni electricidad estable, por lo que los equipos tenían que trabajar con grupos electrógenos.
Para realizar una llamada importante era necesario bajar hasta el pueblo. Matellano recuerda incluso una ocasión en la que Eastwood se negó a acudir al rodaje por un problema relacionado con los pagos y tuvieron que localizarlo desde el teléfono de un bar.
“Era un mundo absolutamente diferente”, señala el cineasta, que destaca cómo aquellas producciones salían adelante con pocos medios, mucha imaginación y una enorme capacidad de adaptación.
Los westerns también transformaron Hoyo de Manzanares
La llegada de los rodajes tuvo un importante impacto en la vida de Hoyo de Manzanares y de otros municipios de la zona. Los vecinos encontraron en las producciones cinematográficas una nueva fuente de ingresos.
Trabajar como figurante o participar en los rodajes podía llegar a suponer cobrar “el triple” que en una jornada agraria, una diferencia especialmente relevante en una época en la que la agricultura constituía una de las principales actividades económicas de muchas familias.
Los westerns necesitaban caballos, extras, transporte, comida, servicios y mano de obra, por lo que buena parte de estos recursos se buscaban en los municipios próximos. “Era una revolución para los pueblos”, explica Matellano.
El director conoce además esta historia por tradición familiar: su padre, su abuelo y su tío trabajaron como caballistas en distintos rodajes del Oeste. Una experiencia que, según reconoce, terminó influyendo en su propia vocación cinematográfica.
“Eso forja pasiones como la mía y profesiones como la mía”, afirma Matellano, que actualmente prepara el documental ‘Clint Spain Connection’, centrado en los diferentes rodajes de Clint Eastwood en España.
¿Qué queda hoy de Golden City?
Del legendario poblado en el que convivían vaqueros, forajidos, caballos y pistoleros apenas queda actualmente un abrevadero, que se conservó por su posible utilización ganadera.
Golden City fue abandonándose a medida que los rodajes dejaron de llegar. Las estructuras se deterioraron, parte de la madera desapareció y el paso del tiempo terminó por borrar prácticamente todos los restos del antiguo decorado.
La posibilidad de reconstruir el poblado exactamente en su ubicación original, una explanada situada dentro del actual Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, sería, según Matellano, un asunto “complicado”.
Sin embargo, el cineasta considera que Hoyo de Manzanares y su entorno podrían recuperar parte de aquella memoria cinematográfica mediante alguna recreación o instalación en fincas cercanas que permitiera a los visitantes comprender la importancia de los antiguos escenarios.
Recuperar la memoria del western madrileño
Para Matellano, recuperar físicamente parte de Golden City no solo sería una oportunidad turística, sino también una forma de preservar la historia del cine.
“No solo sería interesante, sino necesario”, defiende. El director considera que el paisaje por sí solo no siempre basta para transmitir la importancia histórica de un lugar y apuesta por incorporar elementos que permitan al visitante imaginar cómo era aquel poblado cinematográfico.
“Es verdad que el paisaje es el paisaje, pero a la gente hay que ayudarla también un poquito con la imaginación. Si tú pones un vestigio, un trozo de decorado, es más fácil imaginar”, señala.
Así, los restos de Golden City podrían convertirse en un nuevo atractivo para el turismo cinematográfico en la Comunidad de Madrid, recuperando la memoria de un lugar por el que pasó un joven Clint Eastwood y que contribuyó a poner los paisajes madrileños en el mapa del western europeo.