‘Buenas Noches, Hoyo’: así nació el Festival de Artes Escénicas que cumple 34 veranos

Cultura 22/07/2025

En el verano de 1990, en Hoyo de Manzanares, unos módulos de puente militar —los mismos que se utilizan para carros de combate— fueron instalados en una plaza adoquinada. Aquella escena insólita marcó el inicio del Festival Internacional de Artes Escénicas ‘Buenas Noches’, que este año celebra su 34ª edición.

Un experimento cultural con alma militar

Lo que comenzó como una prueba piloto impulsada por Juan Orduña, con la complicidad de militares de la Academia de Ingenieros del Ejército, terminó convirtiéndose en uno de los festivales más longevos de la Comunidad de Madrid.

Desde entonces, la Plaza de Cervantes se transforma cada julio y agosto en un gran auditorio al aire libre, con el objetivo de acercar el arte escénico al público de una forma directa y popular.

Un saludo que dio nombre a un festival

El nombre del festival, ‘Buenas Noches’, no es casual. “Era un saludo, una invitación, una forma de acoger al público. Era como decir ‘buenas noches, esto es lo que os hemos preparado hoy’”, explica Orduña. Así nació la idea de convertir el arte en un ritual bajo las estrellas.

De la intuición al reconocimiento internacional

Apenas dos años después de aquella experiencia inicial, el evento ya contaba con nombre y estructura: el Festival Internacional de Artes Escénicas al Aire Libre. Con el apoyo del Ayuntamiento, vecinos y una red de embajadas, comenzaron a llegar propuestas de compañías internacionales.

Orduña recuerda con humor cómo visitaba embajadas y fundaciones culturales en Madrid para conseguir artistas: “Yo bajaba a Madrid, pedía cita, hablaba con los agregados culturales y les contaba mi vida”, comenta entre risas.

Una ventana a culturas del mundo

Así llegaron a Hoyo compañías de lugares tan diversos como Rusia, Ucrania, Osetia del Norte, Kazajistán, Daguestán o Tayikistán, además de una nutrida representación de Hispanoamérica, con grupos de Colombia, Chile, México y Argentina.

“El festival fue un escaparate para el acervo cultural de muchas naciones, que encontraron en Hoyo un punto de conexión con el público español”, asegura el fundador.

El público respondió con entusiasmo desde el principio. Vecinos, turistas y madrileños llenaban la plaza, incluso con más de 2.000 personas en las noches grandes. Al terminar, como parte del ritual, cada espectador recogía su silla y la llevaba al almacén.

Una programación para todos los sentidos

Las artes escénicas se consolidaron como el núcleo del festival:

  • Teatro clásico del Siglo de Oro
  • Ballet folclórico y contemporáneo
  • Circo, danza, comedia, zarzuela
  • Conciertos de música clásica

Entre los momentos más recordados, Orduña destaca las actuaciones del Ballet Clásico de Madrid, las violinistas moldavas tocando barroco o el ballet de la Fundación Pushkin, además de artistas como Ara Malikian, que llegó a actuar hasta seis veces en la plaza.

Cuando la lluvia arruinó el tango

No todas las noches fueron mágicas. En una ocasión, una compañía argentina de gauchos y tango no pudo actuar el 15 de agosto debido a una tormenta brutal. El director prometió traerlos al año siguiente… y volvió a llover. “Esos eran gafes”, bromea Orduña. Desde entonces, contrataron seguro por inclemencias.

Durante 25 años, el escenario —fabricado por un cerrajero local— resistió danzas, acrobacias y hasta 70 bailarines cosacos. Finalmente fue reemplazado por una estructura modular más moderna.

Un legado que continúa vivo

Tras la jubilación de Juan Orduña, el festival siguió adelante bajo la dirección de Blanca García Morales, quien supo mantener y fortalecer el espíritu del evento. “Me siento un privilegiado por haber trabajado en esto y haberme rodeado de tanta gente estupenda”, reconoce.

Desde el inicio, Orduña defendió la identidad cultural del festival: “Nada de heavy metal ni grandes estrellas del pop. Aquí se muestra el acervo cultural de los pueblos a través del teatro, la danza y la música. Es una muestra, no una verbena.”

Un aplauso que dura todo el verano

Treinta y cuatro años después, el Festival ‘Buenas Noches’ sigue cumpliendo su promesa: ofrecer cultura al aire libre, gratuita y cercana, en un entorno que convierte cada noche en una celebración del arte.

Miles y miles de personas pasaron por ahí. Aunque fuera por dos horas, disfrutaron del talento de artistas de verdad. Y eso, cuando uno lo piensa, emociona”, concluye Orduña.

Y hoy, como entonces, Hoyo de Manzanares sigue recogiendo las sillas al final del espectáculo, como símbolo de una comunidad que aplaude la cultura con la misma pasión desde hace más de tres décadas.

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